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miércoles, septiembre 20, 2006

Solamente un canto rodado

“Me levanté con la energía que implicaba un nuevo día. El amanecer frío despejó del toda mi resaca y salí decidida a pasar una mañana en el monte. Escogí un sendero entre carballos. La hierba mostraba la helada en todo su esplendor. De niña había recorrido ese sendero cientos de tardes para ir a bañarme en la laguna de la cascada. Recuerdo que un día tropecé con una piedra del camino, era un canto rodado, lisa y no muy grande; sin embargo hizo que me torciese el tobillo y estuve mucho tiempo sin poder caminar.

Cuando me recuperé volví por el camino y me dediqué a recoger todas las piedras que me parecían interesantes, incluido el canto rodado que me hiciera caer. Lo consideré un recuerdo porque me había hecho crecer, reflexionar. Conseguí tantas que ya no cabían en la estantería de mi habitación y un día, mi madre me las tiró todas. Lloré tanto como el día que me había caído, supongo que más. ¡Qué recuerdos!

Estoy llegando al lago, ya veo el reflejo de las hojas onduladas en el agua. Solo estoy a unos pasos y puedo sentir el aroma de la mañana… Ahora que lo pienso… mi madre nunca me dijo dónde había tirado mis piedras, solo que las había devuelto a su lugar de origen.”

Y en ese momento, todo se volvió negro ante sus ojos. Había tropezado con una piedra, la misma con la se había caído años atrás, esta vez cayó en el lago. Se había mojado, y cabreada con el canto lo tiró al agua para no volver a saber de él. Sin embargo, se arrepintió de haberlo hecho en el momento en el que su mano perdió el contacto con la pequeña piedra.

Continuó yendo a caminar todos los días por el sendero del lago. Dicen que se sentaba en una roca y miraba al centro de la laguna esperando que el canto rodado resurgiese de las profundidades para que la hiciese crecer un poco más.

viernes, mayo 12, 2006

O facedor de pompas de Xabón

Nalgunha rúa peoníl de Ourense, nalgún banco preto dalgún edificio antigo, un curto vestido verde miraba ó ceo pensando nun futuro mellor. O reflexo da luz solar nunha pompa de xabón fixo que descoidara o seu “ferpecto futuro” e se adicase a descubrila procedencia das translúcidas boliñas. Viu a un neno a xogar cun pompeiro.

Recordou, co caracteristico cheiro a mistol do antigo, cando xogaba no parque co seu vasiño de lavavaixelas e auga. Sentiu desexos de volver a aquela época na qu eo mais complicado era que a túa nai che deixase subir o fregadeiro para coller o mistol do antigo. Colleu o coche e ñiscou dalí. Xa tiña decidido o seu futuro. Subiu o mais alto do monte mais próximo, pèna pombeira, sentou a carón do cruceiro de pedra e agardou a que o sol se escondese entre as montañas. Baixou logo ata a aldea, como agardaba atopou un bote de mistol do antigo enriba da pía de pedra. Buscou no faido o baúl coa roupa que a súa avoa tiña gradada dos seus séculos de mocidade, ataviouse co mais colorido e liscou a retomar a pompa de xabón que deixara no banco da rúa. Deixou unha boina estapada con flores alaranxadas no chan e rematou o bote de mistol cando chegou un policía e lle dixo: Desculpe, aikí non pode pedir.

As bagoas de xabón cubriron o ceo e o vestido verde contestou: Non pido, danme. E non me gusta recibir sen ofertar. E oferto as pompas de xabón coas que todos xogabmos algún día. Oferto un anaco de despreocupanción nunha cidade que a acepta, nunha cidade na que non son mellores persoas por dar a quen precisa.

Non souben mais dese vestido verde que recorreu Galiza buscando o soriso dun neno na cara dun adulto.

lunes, marzo 27, 2006

El patito feo

Una lámpara de aceite alumbra el pequeño dormitorio del niño. Se acuesta con una sonrisa esperando que unas suaves manos blancas le lean un cuento antes de irse al mundo de los sueños. El viento entra por la ventana entreabierta y descubre la frase de la primera página del finísimo libro:
“Como cada verano, a la Señora Pata le dio por empollar y todas sus amigas del corral estaban deseosas de ver a sus patitos, que siempre eran los más guapos de todos.
Llegó el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a poco y todos se congregaron ante el nido para verles por primera vez.
Uno a uno fueron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada uno acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus amigas. Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta de que un huevo, el más grande de los siete, aún no se había abierto.
Todos concentraron su atención en el huevo que permanecía intacto, incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún signo de movimiento.
Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió un sonriente pato, más grande que sus hermanos, pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo más oscuro que los otros seis...
La Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le apartó con el ala mientras prestaba atención a los otros seis.
El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar cuenta de que allí no le querían...
Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito.
Sus hermanos le jugaban pesadas bromas y se reían constantemente de él llamándole feo y torpe.
Una mañana, su madre decidió enseñarles a nadar y se los llevó ala lago. intentaban mantenerse a flote sin darse cuenta de que una hermosa patita los observaba. Durante las clases, las burlas no cesaban.
El patito decidió que debía buscar un lugar donde pudiese encontrar amigos que de verdad le quisieran a pesar de su desastroso aspecto y una mañana muy temprano, antes de que se levantase el granjero, huyó por un agujero del cercado.
Al día siguiente sus hermanos asistieron a su segunda clase de nado. La patita interesada en feo fue a ver si lo volvía a ver, pero no lo encontró. Sin perderán segundo fue hasta su casa por si se quedara durmiendo y descubrió que de su nido salía un pequeño rastro de plumas grises. Siguió las huellas dejadas por su amado a toda prisa.

Después de pasar dos días sin comer llegó a un estanque rodeado de bellísimas flores. Feo estaba mirando su descabellada cabeza en el reflejo del agua. Patita se le acercó por detrás y sobre el agua se reflejaron los dos rostros.”

“No busques cambiarte, lo distinto nos hace más únicos.”

Yo soy mi propia huella dactilar.