miércoles, septiembre 20, 2006

Solamente un canto rodado

“Me levanté con la energía que implicaba un nuevo día. El amanecer frío despejó del toda mi resaca y salí decidida a pasar una mañana en el monte. Escogí un sendero entre carballos. La hierba mostraba la helada en todo su esplendor. De niña había recorrido ese sendero cientos de tardes para ir a bañarme en la laguna de la cascada. Recuerdo que un día tropecé con una piedra del camino, era un canto rodado, lisa y no muy grande; sin embargo hizo que me torciese el tobillo y estuve mucho tiempo sin poder caminar.

Cuando me recuperé volví por el camino y me dediqué a recoger todas las piedras que me parecían interesantes, incluido el canto rodado que me hiciera caer. Lo consideré un recuerdo porque me había hecho crecer, reflexionar. Conseguí tantas que ya no cabían en la estantería de mi habitación y un día, mi madre me las tiró todas. Lloré tanto como el día que me había caído, supongo que más. ¡Qué recuerdos!

Estoy llegando al lago, ya veo el reflejo de las hojas onduladas en el agua. Solo estoy a unos pasos y puedo sentir el aroma de la mañana… Ahora que lo pienso… mi madre nunca me dijo dónde había tirado mis piedras, solo que las había devuelto a su lugar de origen.”

Y en ese momento, todo se volvió negro ante sus ojos. Había tropezado con una piedra, la misma con la se había caído años atrás, esta vez cayó en el lago. Se había mojado, y cabreada con el canto lo tiró al agua para no volver a saber de él. Sin embargo, se arrepintió de haberlo hecho en el momento en el que su mano perdió el contacto con la pequeña piedra.

Continuó yendo a caminar todos los días por el sendero del lago. Dicen que se sentaba en una roca y miraba al centro de la laguna esperando que el canto rodado resurgiese de las profundidades para que la hiciese crecer un poco más.

lunes, septiembre 18, 2006

Una dosis de realiad

Creía ser profesora y he descubierto que necesito aprender de mis alumnos. Tienen más valor, saben exactamente lo que quieren y lo intentan conseguir. Se enfrentan a todo lo que creen una amenaza o injusticia sin rodeos.

He cambiado de puesto. Quizas ha sido el que los alumnos subiesen a la tarima lo que me ha hecho pensar que no es que estén a mi altura, si no que me pasan por cuartas. AL ver la diferencia de altura he agachado aún más la cabeza y he bajado hasta mis antiguos alumnos.

He crecido, me lo han dicho mis nuevos profes; he crecido cuando me he sentado en el pupitre.

jueves, septiembre 07, 2006

El Florido Pensil

Acabo de conseguir despejarme del bullicio de ideas que de manera caotica recorrían mi mente nada más terminar de ver la adaptación de la novela de Sopeña Monsalve “El florido pensil”.

Tal novela surgió con la idea de recuperar la memoria de unos años oscuros . Es una colección de viñetas de tebeos, problemas matemáticos e ilustraciones sazonadas con los ingeniosos comentarios irónicos que solo una mente tan perversa como la de un niño puede realizar.

En esta adaptación del grupo de teatro vasco “tanttaka teatroa” los actores eran únicamente 6 que cambiaba a su personaje principal (un niño en la época franquista) por el personaje que completase la escena (un profesor, una madre, el sacerdote…). Los niños crecen, se ponen su gabardina y recuerdan viejos tiempos.

La obra concluye con las siguientes palabras de reflexión: “…menos mal que las cosas han cambiado. O no.”

Es cierto que las cosas han cambiado en ciertos puntos, ya no existe la tortura de los dedos y la regla (o por lo menos la “ley” no lo permite), pero… nosotros, la gente o, mejor dicho, los ciudadanos, ¿somos los mismos de aquel entonces? ¿Somos los mismos que los del siglo XVII que muy claramente nos muestra Pérez Reverte?

¿Seguimos siendo “la misma España de siempre”?

- Libros relacionados:

· “El florido pensil” Andrés Sopeña Monsalve

· “Limpieza de Sangre” Arturo Pérez Reverte

· “En la ardiente oscuridad” Antonio Buero Vallejo*


* Supongo que relaciono este libro al cuestionarme la España actual y el conformismo de los ciudadanos.

P.D.: Los links correspondientes a cada fragmento son únicamente material complementario, no tienen porqué corresponderse con mi opinión.

P.D.': Gracias Estrellita

martes, septiembre 05, 2006

Calidez infantil

Busqué la complicidad en sus ojos, un indicio que me marcase, una señal que me invitase a empezar. Los miré desde lejos. Dos sonrisas puras y dos tiernas miradas aportaban todo el calor necesario a esa fría noche. Lo sostenía en brazos cual diamante frágil. Sus brazos lo movían pausada y suavemente. En los ojos del pequeño rielaba la luna casi llena y una sombra con forma arbórea hacía de apoyo a su espalda. Tuve sensación de que el mundo se había parado. Esa escena hizo que el calor que había recorrido mi cuerpo días atrás se transformase en una calidez irrefrenable. Sentí deseos de participar en esa escena clara y sencilla. Soñé.

Soñé cuando no debí soñar. No debí romper el cristal que nos separaba. Quizás ahora fuese más feliz. O quizás ahora no soñase con volver a recogerme en esa calidez.