lunes, octubre 23, 2006

Competición

Preparados… listos… YA!

Comienza la carrera hacia la cima. Mis contrincantes son hipócritas que le dan la mano a sus compañeros y se la sueltan en medio del río. Estoy en medio de una carrera en la que si no pisas te pisan y dejan tierra en tus ojos. Algunos van dejando pistas… subiendo una silla encima de otra para alcanzar el fruto más alto del árbol porque dicen que es el más jugoso. Mientras agotan sillas y taburetes yo continuo el camino que para ellos terminará con la felicidad después de muchos disgustos y caídas de la torre de sillas. No necesito que me tiren un gajo de la maravillosa y adorada naranja de la cima… me gustan las naranjas agrias que puedo alcanzar. Llamadme conformista. Me da igual, vosotros sois unos escaladores de primera que podéis disfruta de la dulzura del zumo de la superioridad. Y yo… supongo que solo me queréis para sentiros superiores. Yo soy feliz con la tierra en mis pies y vosotros tenéis la preocupación de que las sillas no se muevan.

Bien por vosotros. Habéis ganado.

jueves, octubre 19, 2006

Setembro cálido

Alex Ubago- Viajar contigo

Conecto el mp3. Me hará compañía en mi camino apresurado. Mi abrigo discute con el sol sobre la temperatura ambiente. Comienza una lluvia de hojas doradas que se mezcla con el olor a castañas asadas del tren chu-chú de la peatonal. Los niños corren y juegan con sus botas nuevas de la vuelta al cole. Una boina marrón oscuro en el suelo y un hombre con una acústica en sus manos. Me quito los auriculares. Mis pasos acompañan los acordes de esa guitarra desafinada. Llego tarde pero… no hay prisa. Disfruto de este paisaje idílico.

A mi derecha veo un banco de madera oscura desierto que destapa mis tristezas. Ahora comienza a llover sal. Me pongo los cascos y apresuro el camino. Todo es imperfecto.

SUM41-Pieces

viernes, octubre 06, 2006

Un nuevo despertar

Le había dolido. Había sentido la punzada del dolor en el lado izquierdo de su pecho. Corrió, cruzó calles y con la mirada perdida se movía torpemente entre el bullicio. Ya oscurecía cuando, fatigada, pudo ver el mar. Caminó hacia a el. Notaba el fluir de la sangre en sus venas otra vez. Despacio se acercaba a la orilla de la playa, pensó que era imposible.

El agua rozó sus tobillos, se estremeció y paró por un instante. Me miró, y como si recuperase las fuerzas continuó su camino hacia el horizonte. El sol ya se había escondido hace tiempo. Dos lágrimas cayeron sobre el mar en calma y cubrieron lo poco que quedaba de un cuerpo abandonado al olvido. Sentía como el agua se filtraba por todos sus poros. Lo último que vio fue la luna reflejada en el mar. Yo, lo último que vi, fue su pelo flotando en ese húmedo ambiente salado.

La había seguido desde arriba con la esperanza de que no lo hiciese. Ahora tengo una nueva compañera. Bienvenida.