domingo, diciembre 24, 2006

de xeito distinto...

O pasado venres foi o festival de Nadal no instituto. Un deses días nos que as clases rematan antes do habitual e súbense o escenario os ansiosos de triunfo. Este ano esquecéronse das típicas cancións reageton que bailan as mais atrevidas en minifalda e con tanga, e no seu lugar puxeron catro grupos de diferentes estilos de música, todos con un futuro moi prometedor.

Os primeiros en actuar foron unhas rapazas con música tradicional que utilizaban a gaita, pandeiretas, piñas e cunchas para pornos a pel de pita e arrincar os primeiros aplausos do día.

Despois o grupo Dragonfly tomou lugar no escenario e arrincoulle uns cantos cornos aos mais heavys do insty. Fan unha música estupenda, teñen unha base musical incomparable e unhas letras realmente divertidas. A voz e mellorable. Asemellanseme moito a Heredeiros da Crus.

De terceiros apareceron Luis & Jorge que pese ao frío adincaronnos “Hace calor” e un par de exitos veraniegos.

Por último debutaron makes Dawn Sure con moitas versións de Blink 182. Teño que decir que son compañeiros de clase. Na súa contra, rifarlles por porlle tan pouca emoción, teñen unha música estupenda, ilusión e ganas de triunfar, podían dar moito mais de si do que deron. En fin, o ambiente tornouse diferente cando subiron a Guille o escenario. Cobrastedes vida!!

Pois eso, supoño k xa deducistedes k foi sen dúbida o mellor festival da miña vida no instituto e que lles desexo moita sorte a estes debutantes. Moitos bikos.

viernes, diciembre 08, 2006

Busy

Un pestilente olor a humedad y a cemento fresco empapó mi nariz cuando abrí la puerta que hacía tanto que no recibía visitas. Una parpadeante bombilla amarilla iluminó las siluetas de todas las cajas y de un sillón de peluquería bajo un polvoriento plástico transparente. Mis ojos se acostumbraron a la escasa luz y descubrieron una década en cajas apiladas.


Comencé a rebuscar entre mis olvidados recuerdos. A mis manos llegaron cintas de los pitufos, de villancicos y de cuentos, flautistas acompañados de ratones, una caperucita-abuela-lobo, mis primeros vaqueros y un peluche que consiguió arrancarme una lágrima; un peluche que compartió conmigo noches de interminables llantos y enfermedades, noches y días largos en una terrorífica casa con frutas de plástico en un frutero de madera, largos paseos por la acera que me vio crecer y diversiones en una plaza que añora volver a ver niños jugando a su alrededor.

En ese mundo siempre renovado con cosas que no sirven, también encontré un libro que ayudó a pensar a muchas generaciones y que fue realmente odiado por todas ellas. Encontré mis libros de caligrafía húmedos y un juego de experimentos que me regalaron unas navidades. Me senté en el polvoriento plástico y cerré los ojos. Volví a soñar que mordía la oreja de busy mientras veía Peter Pan en el sofá de flores estampado con los patucos rosas de lana que había hecho mi abuela. Recordé cada vez que había metido la llave inglesa de plástico en la ranura del video y sus consecuentes represalias. Repasé cada capítulo de los Fruitis y Viky el vikingo.

Cuando bajé en el ascensor, sin soltar a busy, ni al libro de cuentos, ni a la historia de la filosofía, y entré en mi habitación, volví a ver las paredes pintadas de rosa y colgado en la pared mi casita de muñecas repletas de figuritas. Quiero volver allí, quiero revivir cada instante y retenerlo en mi memoria para siempre, quiero volver a jugar al pilla-pilla sin tener ninguna preocupación. Que tonta, decía que quería ser mayor, que los peluches eran de bebés y que yo no era un bebé. No, no era un bebé, ahora si.


Imagen: Diego, un pseudoartista en fotografía y todo un artista en el teatro.