Corrió muy lejos de mi y me dijo que me odiaba. Que solo podía ver mi cara y morir de dolor. Se marcho tan lejos que no lo volví a ver en mi vida. Sin más. Pasó por mi habitación como un rayo. Apenas dos segundos de la eternidad y me basto para descubrir que no seria feliz a mi lado.
Era… era una maravilla. Un cielo. Una ternura inolvidable. Era la encarnación del romanticismo del XVIII. Tan delicado como una pluma de oca y tan firme como un halcón. Verlo pasar hacía que todo el mundo se girase. Desprendía un aura de confianza que nadie podía explicar.
Lo amaba. Mi mayor felicidad estaba en su sonrisa. Mis manos solo suspiraban por los rincones palabras inocuas que buscaban las suyas para descansar.
Una vez me encontré con él.
Por aquel entonces gozaba de toda la libertad que podía soñar, era la carne débil rendida al placer. Única y exclusivamente al placer. El amor era para mí un ente extraño. Quizás una enfermedad crónica infecciosa que dañaba el cerebro. Era incapaz de no seguir mis instintos más animales.
Y una vez me encontré con él.
Con ese chico que hacia que el mundo temblase. Ese que dedicó su vida a buscar el verdadero amor. Y me eligió a mí.
Lo quería. Lo amaba más que a mi vida. Y lo dejé marchar.
Con su aureola de paz y tranquilidad me ofreció entrar en su vida e instalarme en su habitación para siempre. Yo no supe que decir. Una habitación o un mundo libre y sin puertas. Esa era la verdadera pregunta.
Y elegí la libertad.
Ahora tengo toda la libertad que quiero y no me sirve de nada. Sigo rendida al placer, continúo siguiendo a mis más bajos instintos y cada vez me siento más sola en este mundo de entes que creen en el amor. Y yo se que existe. Sé que existe ese ente que hace que te suba un hormigueo por las piernas. Que te tiemblen las manos y la voz en su presencia. Que un manto de suave niebla lo cubra todo.
Sé que existe.
Sé que existe y no logro alcanzarlo. Él ya me ha abandonado a mi suerte tras echarme una cuerda celestial.
Sigo perdida en este manto de inclemencias que me mecen de un lado a otro. Soy una abeja agotada en busca de alimento para sobrevivir. Solo sobrevivir.
Soy una víctima de una droga. Me he convertido en una seguidora fiel del dolor. Trago cuchillas que me desgarran y cada vez necesito más para continuar mi vida. Si esto es vivir.
